Cuando Ícaro alcanzó el Sollectura de 3 minutos

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Se presenta bastante sencillo establecer paralelos entre el destino del publicitado cometa ISON y el de Ícaro – ese famoso personaje de la mitología griega que intentó infructuosamente escapar de la isla de Creta usando un par de alas hechas de plumas y cera. Ambos se acercaron demasiado al Sol durante su vuelo, derritiendo el material que los mantenía completos, y fallando en cumplir las ambiciones y esperanzas de quienes observaban a la expectativa. Una tragedia clásica que nos habla sobre la importancia de conocer nuestros alrededores, sobre todo cuando exploramos nuevos horizontes.

ISON es – por supuesto – plenamente real, y mucho más antiguo que el mito de Ícaro, o los humanos que lo crearon. De hecho, es tan antiguo como el mismo sistema solar: se trata de un residuo de su formación, de hace unos 5,000 millones de años. Un trozo de roca y polvo, sujeto precariamente por una estructura de hielo, que muy probablemente se mantuvo flotando en las afueras de nuestro vecindario solar (la llamada “nube de Oort”) durante toda nuestra historia y evolución. Eventualmente, alguna colisión lo puso en camino a una visita inesperada a las inmediaciones de nuestra estrella – y al foco de atención de los habitantes de La Tierra.

“El cometa del siglo” no sabía lo mucho que se esperaba de él mientras se acercaba progresivamente al Sol y su material interno comenzó a sublimarse (el proceso de pasar de estado sólido directamente a gaseoso), creando una cola hermosa que se extendía por kilómetros; haciéndolo brillar intensamente. El día de ayer (28 Nov), durante la hora de la verdad en su acercamiento más cercano al Sol – mientras el satélite SOHO le seguía el paso y el mundo observaba atento – ISON desapareció por completo detrás del brillo cegador del astro rey. Nada salió del otro lado… por un tiempo.

Unos minutos más tarde de lo esperado, lo que parecían ser los restos del cometa pudieron verse emerger como alguna especie de ave fénix astronómico. La roca ya no es la misma – la mayor parte de su material se evaporó en la jornada – pero es posible que parte de su núcleo haya sobrevivido, y que aún podamos observar un poco de su viaje si miramos hacia el horizonte del este justo antes del amanecer, durante el mes de Diciembre. Habrá que esperar a que se aleje un poco más del Sol para estar seguros.

Supongo que aquí termina el parecido que hemos establecido con la historia de Ícaro, pues donde éste terminó ahogándose en el mar debido a su mal juicio, todo indica que el cometa ISON continuará su recorrido hacia la inmensidad. Su órbita es tan excéntrica que probablemente escapará de la atracción del sistema solar, perdiéndose en el cosmos que nos rodea en todas direcciones. Tal vez no se tratará del “cometa del siglo”, según el criterio un tanto reducido de algunos, pero su visita al Sol es única e irrepetible, y solo una generación de humanos – de todos los que han nacido y nacerán – ha sido capaz de vivir con él la experiencia.

Yo diría que eso lo hace bastante especial.

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