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La Tierra tiene una belleza natural incomparable pero, ¿por qué habrías de compararla? Ciertamente, el ser humano evolucionó para apreciar el valor estético de una cascada, un cielo despejado, una lago tranquilo, un bosque frondoso – y en general todos los elementos que asociamos con un planeta dinámico y lleno de vida. Sin embargo, ¿no es igualmente hermosa – a su manera – esta fotografía del paisaje marciano que nos envía el Curiosity?

Es una belleza distinta, como ya dije, quizá hasta melancólica. Después de todo, estamos observando un paisaje que ninguna generación previa pudo apreciar. Para nuestros ancestros, por al menos 200 mil años, Marte era tan solo un punto rojizo en el cielo. Un dios, un demonio. Muchos nombres en muchas épocas para un mismo solitario mundo, “hijo” de nuestra misma estrella.

Realmente es melancólica, la foto que nos envía el viajero que ahora explora ese otro mundo. El óxido de hierro que le da su tonalidad roja parece querer decir algo, las rocas casi parecen tratar de contar alguna historia que nunca tuvo quien la oyera, hasta nuestra época.

Así mismo, el resto del universo es un compendio de historias que esperan ser contadas, todas con su belleza particular. Ya sean azules, rojas, blancas, grises, ultravioletas o infrarrojas. Así como la ciencia expande nuestros sentidos, que lo haga también con nuestras mentes.

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