Ícaro y el Titán

El cielo ya no es el límite, como una vez se le conoció. Ciertamente, aún muchos soñamos con volar libremente sin ataduras ni preocupaciones (sobre todo cuando estamos atrapados en el tráfico), y la ciencia moderna ha tenido dificultad para producir los carros voladores que la ficción nos viene prometiendo desde hace medio siglo, pero la verdad es que el cielo (entendido como la atmósfera de nuestro planeta) ha sido conquistado y reconquistado. El fracaso de Ícaro – mitología griega – por acercarse demasiado al Sol es tan solo una memoria lejana.

Esta preciosa fotografía nos muestra una reunión de la forma más antigua de vuelo que maneja la humanidad: el globo. Normalmente, tan solo una tela que atrapa una burbuja de aire, que se procede a calentar desde el fondo. El aire caliente interno se vuelve menos denso (los átomos se alejan unos de otros por el calor) que la atmósfera relativamente fría que lo rodea, y esto lo hace flotar sobre la misma, alcanzando la altura máxima en la que la atmósfera tiene la misma densidad que el globo ha logrado internamente. Este principio de “globo de aire caliente” permite que esté abierto al fondo porque la presión es la misma en la abertura.

Este principio no es el mismo de los globos cerrados, llenos de gases más ligeros que la atmósfera – como el helio. Estos famosos juguetes coloridos de feria se elevan porque pesan menos que la mezcla de oxígeno y nitrógeno que compone nuestra atmósfera, y se desinflan a la más mínima ruptura porque la presión de esta última obliga al gas noble a salir de su escondite como quien presiona con fuerza un tubo de pasta dental.

No solemos analizarlo como tal, pero el simple acto de flotar es una delicada batalla entre la gravedad de un planeta y la densidad de su atmósfera. En la luna, con muy poca gravedad, dudo que tu globo se mueva demasiado sin una atmósfera que ejerza presión para elevarlo. En Júpiter – una bola de hidrógeno, el gas más ligero – si colocamos un globo de helio que en La Tierra danzaría en el viento, allí se hundiría como una piedra (el hidrógeno es el único gas más ligero que el helio).

En conclusión, perdonemos a la ciencia moderna por no masificar aún vehículos voladores personales – el tema es bastante más complejo de lo que las aves nos hacen parecer. Pero te tengo una buena nueva, en Titán – la mayor luna de Saturno – las condiciones son tales que un ser humano podría volar tan solo con su fuerza muscular: un sueño hecho realidad. Eso si, sugiero que lleves un suéter si no quieres que tus alas se congelen a los -200 grados centígrados de su atmósfera y te conviertas en un Ícaro de la era espacial.

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