La cuna azul

“Todos los pasajeros que se encuentran de pie, por favor, sean tan amables de regresar a sus asientos. Estamos por comenzar nuestra entrada en la atmósfera terrestre y es posible que experimentemos una ligera turbulencia.”

La voz que daba consejos de seguridad a los pasajeros sonaba fría y mecánica – incluso ausente – como perdida en pensamientos computarizados. Había ejecutado esta rutina una vez más de lo aceptable y se encontraba francamente cansada de repetir, a periodos de tiempo fijos pre-establecidos, el mismo discursito turístico:

“Como pueden observar a través de sus holo-ventanas, nos encontramos en pleno descenso sobre la famosa Cuna Azul: el lugar de origen de la humanidad. Fue en las planicies de este remoto planeta que la especie que eventualmente se esparció por toda la galaxia comenzó su viaje. Primates, una sub-especie de mamífero cuyas crías nacen vivas pero indefensas, característicamente desprovistos de pelaje, que evolucionaron habilidades sociales y una inteligencia modesta durante un período de alrededor de 2 millones de años terrestres (o 1.7 eones galácticos estándar). Como es conocido, los humanos no son poseedores de habilidades naturales sobresalientes, y sus procesos cognitivos no están muy por encima del promedio en especies con auto-consciencia, sin embargo, un estudio detallado de las actividades en su planeta de origen pueden revelarnos un tanto sobre el éxito que evidentemente han tenido. Le recordamos a todos los pasajeros que deben permanecer en sus asientos. Nos encontramos desacelerando contra una pared atmosférica de considerable densidad, lo cual causa el brillo rojo que pueden ver alrededor de la nave; efectivamente, aún nos movemos más rápido que el sonido en este medio gaseoso. Podemos sufrir ligeras turbulencias.”

¿A alguien realmente le importaba esta historia? – pensaba para sus adentros la voz – Nadie nunca hacía preguntas o se interesaba por saber más. De seguro habrían ganado el viaje en algún concurso de oficina, donde el que más vendiera recibía un pasaje con todos los gastos pagos al “planeta jardín”, a relajarse por una semana o dos. Ya nadie apreciaba la naturaleza; perdidos como estaban en sus bases espaciales de kilómetros de longitud, que concentraban todo lo que una persona pudiese desear. Ya nadie recordaba lo que es tener suelo real bajo los pies, el olor a tierra mojada, el sonido de un ecosistema no recreado artificialmente. Tal vez era mejor de esta forma. La Tierra era un santuario, sin ciudades, sin contaminación; de la civilización humana primitiva de hace tantísimos milenios, solo quedaban ruinas que ya ni siquiera atraían al ocasional arqueólogo.

“Si así lo desean, los pasajeros pueden dirigir su atención a la sabana africana que puede observarse a nuestro lado derecho. Allí, la especie humana ancestral compitió con algunos de los depredadores más feroces que el planeta tenía para ofrecer, desarrollando una capacidad innata para la comprensión de sus alrededores, y la curiosidad que les abriría las puertas del universo. La historia humana es una de superación de obstáculos a través de la manipulación de su medio ambiente y un deseo insaciable por explorar. En retrospectiva, características que en varias ocasiones los salvaron de la extinción que los amenazaba a través de especies adversarias, escasez de recursos, extremos de frio o calor, microorganismos dañinos, sobrepoblación, guerra nuclear o alguna otra de las causas típicas clase A y B.”

La nave aterrizó en el cosmopuerto habitual, cubierto de una maleza que delataba que – como de costumbre – las personas encargadas de mantenerlo limpio habían evadido sus responsabilidades. Al parecer no entendían la importancia de su labor – pensó la voz. La puerta lateral se abrió luego de la despresurización pertinente, y un humo blanco emergió de la abertura como en la antiguas historias de ciencia ficción, creando el suspenso requerido para la entrada en escena de los “extraterrestres” – así llamados aunque fuesen humanos los pasajeros, pues no habían nacido en el planeta azul. Desafortunadamente, nadie salió del vehículo, como no lo habían hecho durante muchísimos siglos, a pesar de los regulares viajes programados de la nave entre su punto de origen y destino. La computadora de a bordo simplemente no lo había notado, sus cámaras habiéndose dañado hace muchos ciclos de mantenimiento. La voz no se había enterado de que la extinción había, finalmente, terminado por alcanzar a sus creadores. Su existencia había sido olvidada por el resto de la galaxia.

“Espero hayan tenido un maravilloso viaje, y tengan una experiencia espectacular durante su visita a La Tierra, el famoso punto azul pálido entre las estrellas, cuna de sus ancestros. ¡Nos vemos!, en una semana galáctica estándar.”


Perfil pequeñoCarlos Julio Pino es ingeniero de sistemas y amante de la ciencia. Divide su tiempo entre el desarrollo de tecnología, la lectura y la divulgación.
Anuncios

Un comentario en “La cuna azul

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s