Zombiepocalipsis tranquilo

Ante los peligros nativos a esta época moderna, es bueno ser precavido. Especialmente si – como yo – vives solo, es importante tener planes de contingencia bien pensados para casos de emergencia. En todo momento debemos preguntarnos: ¿estamos listos en caso de sismo? ¿inundación? ¿tornado? ¿epidemia? ¿meteorito? ¿falta de servicios básicos? ¿colapso de la estructura civil? ¿invasión extraterrestre? Más vale prevenir que lamentar, y en muchas ocasiones tener un simple kit de sobrevivencia en casa puede ser la diferencia. Por supuesto, ningún escenario catastrófico es tan discutido como el que, irónicamente, resulta menos plausible. Puede que no tengas idea de qué hacer durante un epidemia normal, pero muy probablemente has pensado con claridad tu curso de acción en caso de apocalipsis zombi. Yo, como muchos, también tengo este escenario dilucidado:

Me quedaría en casa muy tranquilo.

A pesar de la popularidad actual de los muertos vivientes en los distintos medios de entretenimiento, debo decir que no temo particularmente al escenario de los cadáveres apoderándose del mundo. Aunque los humanos tuviéramos problemas con ellos (lo cual dudo mucho mientras tengamos armas de fuego y mecanismos para luchar contra la expansión de pandemias), este escenario apocalíptico sería un festín para los insectos. Se estima que hay alrededor de 200 millones de insectos por cada ser humano en el planeta, y la única razón por la que no nos devoran a todos es porque nuestro sistema inmunológico (y nuestra manía de sacudirnos las moscas) evitan que nos pongan huevos en los ojos o heridas abiertas – pero los zombis no tienen ese beneficio. En alrededor de una semana, todos los muertos vivientes habrían caído víctimas del mayor depredador de La Tierra: el gusano silencioso, la máquina de reciclaje más poderosa de la naturaleza. Las calles olerían bastante mal, y existiría el riesgo de enfermedades más convencionales, pero podemos sobrevivir unas semanas sin salir de casa – sin problemas.

Esto sin contar con que si hace mucho calor, los cadáveres explotarían rápidamente por la acumulación de bacterias intestinales (los humanos vivos solemos controlar a estas bacterias con nuestro flujo sanguíneo, y deshacernos de estos gases periódicamente). Tampoco les iría mucho mejor si hace frío, ya que sus tejidos se congelarían ante la deshidratación (nunca he visto un zombi bebiendo agua), y se romperían en trocitos. En ambos casos no tendríamos que esperar mucho tiempo para ver el resultado de tener carne pudriéndose a la intemperie.

El apocalipsis zombi nace de nuestra fascinación literaria con un escenario donde la habilidad para sobrevivir sea recompensada por encima de nuestras labores intelectuales. Un recordatorio de una época más parecida a la que vivieron nuestros ancestros hace decenas de miles de años, cazando, y siendo la presa – impulsos que aún palpitan en nuestros genes. Es una interesante pieza de ficción que ha tomado renovadas fuerzas en la actualidad. Por eso, mientras algunos planean cómo matarían zombis de la manera más inventiva, yo pienso que usaría esos 15 días libres para terminar de ver The Walking Dead.

El olor sería más aceptable.

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