Memorias del planeta rojo

*Del artículo 000476A de la excavación se ha podido recuperar un escrito o ensayo que data de la época en la que La Tierra aún estaba habitada por humanos (!!!). La traducción parcial nos produce el siguiente texto que expone un poco de la cultura en la época de la Diversificación Temprana. Espero que estés sentada. Este es el descubrimiento del giro.*

— “Honestamente, estoy emocionalmente agotado de estas visitas a Marte. La idea al principió me gustó mucho, por supuesto. A 4.1.9.3-zemlja-afrikaquién no le va a gustar viajar con dinero de la compañía, y visitar sitios tan fantásticos como la Ciudad de Odisea (el que haya visto cine marciano en los últimos 20 años tiene que amar esta ciudad). Los vuelos eran un poco largos – claro – pero estar inmerso en una cultura tan diferente realmente me parecía intrigante, así que lo aceptaba. Tampoco era demasiado incómoda la estadía. Las edificaciones están adecuadamente segmentadas y presurizadas para terrestres, e incluso afuera el traje de presión de contacto directo (los famosos CPS que se usan bajo la ropa) y un respirador simple para mejorar los niveles de oxígeno suelen ser suficientes. Supongo que los esfuerzos de terraformación de nuestros ancestros han “dado frutos” – aunque parezca increíble de contemplar hoy, antes no crecía ni el pasto en el planeta rojo.

La ciudad está, como es de esperarse, llena de terrícolas. La economía terrestre y la marciana (y en menor medida la titaniana), están intrínsecamente entrelazadas, y aunque virtualmente todo trato puede resolverse por hypernet, los terrestres gozamos de visitar otros mundos cuando surge la oportunidad. La disminución de gravedad nos hace sentir llenos de vigor (al punto en que hay toda una industria de terapias para ciudadanos mayores en sitios como Luna y Fobos – los lugares de moda para tricentenarios pudientes). Para los marcianos nativos, desafortunadamente, resulta mucho más complicado visitar La Tierra. Hace muchísimas generaciones se separaron nuestros linajes, causado principalmente por los efectos inesperados en el desarrollo de los fetos en las primeras colonias marcianas (estamos hablando siglos 21-22 de la segunda era, es decir, historia antigua). La gravedad del planeta azul impide que un marciano respire normalmente, problema intensificado por la presión atmosférica incluso a considerable altitud. No están acostumbrados a esos niveles de oxígeno y a la densidad de nuestro aire. Adicionalmente, el más mínimo ruido puede causarles grandes jaquecas, al igual que estar bajo luz natural sin lentes oscuros. De más está acotar que no ves muchos marcianos en La Tierra.

La mayoría de los terrestres consideran raros a sus primos de otros mundos, con alto enfoque en los marcianos, con quienes tienen más contacto. Debo admitir que yo compartía algo de ese prejuicio la primera vez que vine. Me parecía que la forma de sus piernas era extraña, y sus rostros anormalmente redondos. Esos ojos enormes que tienen, si te soy franco, tampoco ayudaban. Afortunadamente, la hypernet nos mantiene a todos culturalmente unidos – al menos tomando en cuenta el lag que en ocasiones pueden tener las comunicaciones – y estas ideas no pasan de ser simples curiosidades de provincia o incomodidades pasajeras.

A mí todo eso se me curó cuando la conocí, por supuesto. Una sonrisa humana lo es en cualquier atmósfera, y a pesar de las diferencias, nunca había percibido tanta humanidad como lo hice en ella. Más allá de nuestras muchas diferencias biológicas – ella siendo nativa de Marte – puedo afirmar con seguridad que establecimos un vínculo realmente trascendental, quizá poco común para los tiempos que corrían. Una muestra de que poco importan las separaciones superficiales cuando las mentes conscientes se unen en experiencia y perspectiva. Durante todos los años de nuestra amistad, su deseo de visitar La Tierra fue un tema recurrente, pero el equipo necesario es costoso e incómodo, y la idea – una y otra vez – quedaba relegada al año próximo; su fascinación por el punto azul calmada con los regalos que yo traía en mis visitas. Este será, evidentemente, el último que traiga. Es una roca marciana que viajó a La Tierra y se quemó casi por completo en nuestro cielo, tal como ella quería hacerlo. Tanto como he disfrutado del Atardecer Azul de la Planicie, y admirado la maravilla tecnológica de las hidrominas, me temo que Marte no es lo mismo desde su muerte.

El sistema solar perdió su estrella esa noche.” —-

*Voy saliendo para allá. ¡Qué nadie toque las muestras!*

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