Un año en Marte

Qué rápido se pasa el tiempo. Ya fue hace un año que todos pudimos observar al Curiosity descender sobre Marte en los 7 minutos más intensos de la exploración espacial reciente. Una verdadera eternidad duró el momento para las millones de personas que lo seguimos, durante el cual la nave de casi una tonelada desaceleró de más de 20 mil kilómetros por hora a cero (a eso llamo frenos). Para lograrlo se utilizó el choque de un escudo de calor con la delgada atmósfera marciana, un paracaídas supersónico (recién inventado), y retrocohetes que le permitieron caer con gracia sobre la superficie – todo sin la más mínima comunicación con La Tierra. Newton estaría orgulloso, sus ecuaciones funcionaron una vez más.

Desde su llegada, el rover ha estado obteniendo y analizando muestras de la atmósfera y suelo marciano, determinando que muy probablemente nuestro vecino rojizo fue en algún momento – hace miles de millones de años – un planeta no muy diferente al nuestro, con ríos y océanos, e inclusive oxígeno atmosférico. Condiciones que resultan fuertes indicativos de que la vida bien podría haber existido allí, antes de que el Sol les arrebatara la atmósfera que los protegía (aunque aún no hay evidencia de marcianos presentes o pasados). Ante los descubrimientos recientes sobre el pasado del planeta Marte, se hace cada vez más evidente lo similar que fue su desarrollo con respecto a La Tierra, y lo mucho que podemos aprender sobre nuestro propio lugar en el espacio estudiando sus características. Más aún, dada la cantidad de material que estos mundos han intercambiado, la revelación última de esta exploración podría ser que todos somos marcianos (descendientes de formas de vida que se originaron allá, pero que luego fueron transportadas por asteroides al ambiente terrestre).

El Curiosity cumple un año terrestre en Marte, pero aún le falta otro para acabar con su tiempo de misión planificado (un año marciano). Actualmente se encuentra de camino al monte Sharp, donde estudiará rocas antiguas en busca de evidencia de esa posible vida extinta. Ni qué decir de lo que significaría encontrar microbios fosilizados en otro mundo. El pequeño rover que pudo cambiaría con tal noticia nuestra visión del universo para siempre. Aún tiene que recorrer meses de trayecto para llegar a ese destino, y la verdad es que se mueve bastante lento, pero ha pasado por cosas peores. Algo me dice que este mensajero mecánico estará recorriendo esas planicies, marcando nuevos caminos, por muchos años más.

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