La canción del fin del universo

No es solo una canción – es una época, un instante, una persona especial de pie bajo la lluvia, mirándote fijamente con ojos que transitan entre la tristeza y la ira. Es la confusión de un momento en el que no supiste qué decir, puesto en rima y ritmo; palabras póstumas que terminaron poniendo letra al recuerdo. Con un poco de imaginación, puedes “ver” su rostro en la melodía, tan claro como si hubiera sido ayer, a pesar del tiempo. Vaya que está lejos de ser solo una canción.

La escribiste tarde, desafortunadamente. Te separan el tiempo y el espacio – toda una vida – de la noche en la que te hubiera resultado útil, de pie bajo la lluvia. Claro, el espacio no es problema – con frecuencia has regresado al lugar donde todo sucedió. Ese árbol sigue allí, todavía torcido. Las estrellas aún se asoman entre nubes intermitentes, totalmente inmunes al paso de las eras humanas. Contigo, el tiempo no ha sido tan amable, pues te ha hecho prisionero de su avance irremediable. Aunque en ocasiones quisieras, a ese momento no puedes volver. Desde el origen mismo del universo – el Big Bang – estaba sellado el flujo invariable del pasado al futuro, del orden al desorden. La línea entrópica del tiempo solo permite viajar hacia adelante, poco importan los “si tan solo” que habitan en nuestros pensamientos.

-Muchas gracias, universo.-

Pero, ¿y si esto no fuese cierto? ¿Qué pasaría si pudieses moverte por el tiempo con la misma facilidad con la que cruzas las 3 dimensiones del espacio?: adelante, atrás, arriba y abajo, izquierda y derecha a tu disposición en la línea de los minutos, los días y los años. Bien sabes que el tiempo no es fijo e inamovible, como Newton lo había imaginado. La relatividad de Einstein nos reveló la verdad – espacio y tiempo son uno; maleables en presencia de suficiente energía, transcurriendo a diferentes velocidades en condiciones cambiantes.

Quizás puedas lograrlo. Tal vez haya alguna configuración de materia capaz de crear una curva cerrada en el tiempo; un agujero de gusano que te permita enseñarte a ti mismo, ese día en el pasado, la melodía que debiste haber sabido. Entonces recordarías ojos distintos en ese rostro bajo la lluvia. Memorias nuevas, cortesía del visitante del futuro que te enseñó la canción perfecta.

La canción del fin del universo, que jamás fue compuesta, pues su intérprete original la aprendió de la versión del futuro de sí mismo, quien a su vez la recuerda ahora como algo que aprendió en el pasado. Es información nacida por la paradoja de tu viaje prohibido en el océano revuelto del espaciotiempo.

Olvídalo. Probablemente sea imposible el viaje. Pero ve el lado bueno: aún puedes hacerte con tu guitarra, tocar la canción – sea cual sea su origen en el cosmos – y recordar esos momentos que te convirtieron en quien eres “hoy”.

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