El Motor Imposible

Sir-Isaac-Newton-Painting-WallpaperCuando nos atrevemos a soñar con el futuro de la humanidad en el espacio, y nos vemos confrontados con los retos significativos que representa el enorme vacío que separa a los mundos, es difícil no sentirse identificado con esas palabras tan humildes atribuidas a Isaac Newton, perplejo frente a la vastedad del universo:

No sé cómo vaya a percibirme el mundo, pero para mí mismo nunca he sido más que un niño jugando en la orilla del mar, divirtiéndome de vez en cuando al encontrar un guijarro más suave o una concha más bonita de lo ordinario, mientras el gran océano de la verdad yace sin descubrir ante mí.

Como bien sabemos, aquellos que gozan de conocimiento real tienden a ser siempre comedidos en sus afirmaciones; conscientes en igual medida de todo aquello que la naturaleza ya nos ha revelado, como de lo mucho que aún se esconde en sus rincones inexplorados. En contraste, la ignorancia –cuando no es aceptada honestamente– suele ser atrevida y radical en su discurso, llena de curas milagrosas, máquinas de energía ilimitada, conspiraciones intergalácticas, y ausencias lamentables de evidencia rigurosa y verificable a su favor.

En cierta forma, Newton estaba en lo cierto –el cosmos es mucho más amplio y complejo de lo que incluso él llegó a imaginar– pero qué maravillosos resultaron ser los guijarros y las conchas que proverbialmente recogió en la orilla del océano cósmico. Aún hoy, casi 4 siglos después de que vivió, todas las conversaciones sobre los mecanismos fundamentales de la realidad tienen parada obligatoria en las “leyes” que postuló el hombre que descubrió el universo.

Newtons_cradle_animation_book_2Que los objetos se mantienen en reposo o en movimiento constante, a menos que una fuerza externa actúe sobre ellos, puede parecer bastante evidente en la actualidad (con nuestros autos y satélites), pero antes de que Newton propusiera la inercia, resultaba un misterio el por qué algunas cosas se detenían en su camino mientras otras (como los astros) viajaban continuamente por el cielo.

Igualmente simples y poderosas son sus otras dos leyes del movimiento: el cálculo de la fuerza necesaria para cambiar la aceleración de un cuerpo, y la equivalencia inescapable entre el impulso que intercambian los objetos en choque –la llamada ley de acción y reacción. Se trata de  un conocimiento clave para cualquier método de transporte: si quieres mover algo hacia adelante, simultáneamente deberás mover algo de masa equivalente hacia atrás.

En la burbuja terrestre, rodeados como estamos de fluidos y material rocoso, la locomoción básica no suele presentarnos mayores problemas. Camina, y la misma fuerza que imprimes al suelo éste aplicará sobre tus pies, impulsándote hacia delante. Abre tus velas al viento y la embarcación acelerará con facilidad, mientras las partículas de aire enfrentan la resistencia correspondiente en contra. En ambos casos, estarás restando un poco de momento al elemento que te impulsa, pero nada que La Tierra no pueda manejar.

Afuera, entre los planetas, las cosas se complican.

520391main_2011-1643-m_fullEn el vacío que cualquier exploración espacial tiene que atravesar, no hay nada contra lo cual impulsarse, y por tanto las naves deben cargar dentro de sí la masa que dispararán hacia atrás para alcanzar sus destinos. Lo llamamos “combustible”, y es el componente más pesado en todo lanzamiento, limitando las distancias que es factible recorrer (¿Cómo levantar la cantidad de combustible necesaria para llegar rápidamente a otra estrella?). Justo por ello suena tan tentadora la noción propuesta por Guido Fetta, parte de un equipo de investigación financiado por la NASA, sobre el dispositivo “Cannae” –una máquina que afirman fue capaz de producir impulso sin interactuar con ningún otro material. Un motor imposible que genera energía de “la nada”.

De ser cierto, uno de los principios más comprobados de la naturaleza se estaría rompiendo ante nuestros ojos, de la forma más conveniente que podamos imaginar. Tales eventos, hemos aprendido, son los que más ameritan nuestro escepticismo. Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria.

840577038886584649Al estudiar los detalles de la prueba, surgen dudas muy válidas sobre su funcionamiento. Es una máquina que no fue probada en el vacío, que produjo un efecto mínimo, y lo hizo incluso después de haber sido alterada para que no funcionara (el llamado “resultado nulo”).

Los autores afirman que el motor interactúa con las partículas virtuales que produce el vacío, robándoles energía, pero temo que la explicación más probable –hasta el momento– continúa siendo que se trató de un error experimental.

Ante las dudas, lo mejor es la apuesta segura: Newton tiene razón, a menos que todos los experimentos del mundo confirmen lo contrario.

Nos vemos cuando eso pase, motor Cannae.

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3 comentarios en “El Motor Imposible

  1. En realidad el propelente representa una fracción bastante pequeña del costo de un lanzamiento. El fundador de SpaceX, Elon Musk, ha mencionado que esta cifra puede ser tan baja como 0.3%. Los motores de alto desempeño, las partes estructurales que deben soportar condiciones aerodinámicas intensas, los tanques con aislamiento criogénico, los avanzados sistemas electrónicos de control, etc., son mucho más costosos que el propelente en sí.

    La cifra de 0.3% suena creíble si uno considera que propelentes como el queroseno (RP-1), el hidrógeno líquido y el oxígeno líquido cuestan algo del orden de 1-2 dólares por kg. Un cohete de la categoría del Falcon 9 emplea como 500 toneladas de propelente por lanzamiento, lo cual indica que el costo total del propelente es el del orden de medio a 1 millón de dólares. Contrastar esa cifra con el costo típico de un lanzamiento, el cual asciende a unos 100 millones de dólares.

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    • Tienes toda la razón amigo. Quizá la palabra “costo” no era la adecuada. Me refería al costo energético de levantar la masa del combustible, que llega a ser más del 90% del peso del cohete. Muchas gracias por los datos que nos presentas acá. Muy buena información.

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