Imaginación biológica

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Hollywood realmente necesita aplicar imaginación a los diseños de los aliens en sus películas de ciencia ficción. Me gustan las grandes producciones tanto como a cualquiera, pero debo decir que se hace un tanto aburrido ver nuevamente a las mismas formas humanoides con la piel verde o azul, que casualmente aunque resulten extraños, no son para nada menos atractivos.

“Prometeo” de Ridley Scott es uno de los últimos exponentes de esta falta de imaginación. En la película, se supone que somos el resultado evolutivo de una forma de vida humanoide que plantó su ADN en La Tierra primigenia. Uno se pregunta por qué este material genético tardó tantísimo tiempo en producir una forma de vida similar a la fuente, sin contar con que la inmensa mayoría de lo que produjo fueron criaturas muy diferentes a la forma humana. Pero ese es el menor de los problemas de esa película…

Volviendo al tema, en realidad es comprensible que la naturaleza nos vaya ganando en creatividad; tiene 3,500 millones de años de práctica. Nosotros apenas hemos venido imaginando estos mundos y criaturas cuando mucho por algunos miles de años. Un ejemplo de cómo la naturaleza no deja de sorprendernos con las creaciones de su selección es la “Macropinna Microstoma” (en la imagen). Este pez tiene el cráneo transparente, y ojos que pueden ver hacia el frente y directamente hacia arriba, viendo a través de su cabeza. Pasa todo el día flotando inmóvil, observando las sombras que crean sus presas al pasar por encima de él. Aquí pueden ver a la bizarra criatura en movimiento:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=RM9o4VnfHJU

Vamos cineastas, aprendan su biología, exploren su planeta. Estoy seguro que pueden hacerlo mejor

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